El señor de Google

Bego Googleplex—¿Y tú qué haces que no has montado ya la startup buena? Ya tienes una edad.

Teníamos 30 años y nos lo dijo el señor de Google a mi amigo Roberto y a mí, a la sazón 30 años recién cumplidos, como quien dice.

—Tu idea está bien, pero no es sexy. No es algo que vaya a utilizar todo el mundo, todo el tiempo.

Eso me dijo a mí.

Estábamos en San Francisco, en Silicon Valley. Bueno, estábamos en San Francisco centro: habíamos estado en Silicon Valley esa semana, pero por un problema de agenda la reunión se había pospuesto. En el Googleplex, el guarda de seguridad de Google casi nos echa del complejo cuando una muy muy muy amable abogada pelirroja se ofreció a enseñarnos la tienda de regalos. Si no trabajas allí, no puedes entrar ni a la tienda de regalos. Tal cual. Era su segundo día trabajando en Google (el de la abogada), y nos enamoramos de ella al instante. Por un momento, nos sentimos como si también nos acabaran de contratar.

Es curioso lo que cambian las cosas cuando por fin llegas a un momento con el que sueña todo el mundo: presentando tu idea de empresa a uno de los grandes genios del mundo.

No shit, Sherlock.

En fin, no hace falta ser un gran genio para ver que Júramelo.es no es el tipo de empresa que va a hacer rico a nadie, pero la verdad es que aprendemos mucho con ella, lo pasamos muy bien y tiene muchas cosas muy buenas, como que no gasta más dinero del que genera y que crea flujo de caja positivo. Esto no lo podía saber el señor de Google por mi (preparado durante semanas) elevator pitch de un minuto.

¿Qué esperabas?

Sin duda, algún tipo de epifanía, que tuve en cierto modo. Sobre todo, pensando que era cierto, que Júramelo no es sexy pero no la quiero por eso, sino por lo que aprendo de ella y lo bien que lo paso (cuando lo paso bien) y lo poco mal que lo paso (cuando lo paso mal).

Hace poco me han dado otro premio relacionado con el mundo Yuzz. Antes era Yuzz Banesto, ahora es Yuzz Santander, y es que parece que no hay manera de que una entidad financiera me dé un premio sin que desaparezca la marca (véase Bancaja). Espero que como solo fui finalista regional del Emprendedor XXI de La Caixa no haya problema por ese lado.

Fui a Madrid a recogerlo, a Matadero Madrid. Fue un momento emocionante, aunque no sin su lado amargo que fue mirar al público buscando a la cámara, sin ver a alguien que saludara con cara de me importa esto, me importas tú. No sé, los premios sin testigos saben un poco raros. Luego cuando salió en el periódico y estuvo en Facebook y demás sí que notó que la familia y los amigos que se habían enterado. ¿Para qué son los premios de empresa sino para que tu madre le dé al Me gusta en Facebook? Ese es el premio.

—Tu idea está bien, pero no es sexy. No es algo que vaya a utilizar todo el mundo, todo el tiempo.

Ay, Júramelo, cariño, no le hagas caso a ese señor. Tú sigue creciendo, que vas a aprender a hacer cosas muy chulas. Estoy orgullosa de ti.

¡Seguro que tienes algo que aportar!